Cuando era niño, el Programa Espacial de los Estados Unidos era un símbolo de inspiración. Para mí, la fascinación por el espacio nunca ha terminado, nunca he dejado de soñar con todo aquello que podría ser posible…
- Paul Allen, Diciembre 2011
Cuando era niño, el Programa Espacial de los Estados Unidos era un símbolo de inspiración. Para mí, la fascinación por el espacio nunca ha terminado, nunca he dejado de soñar con todo aquello que podría ser posible…
- Paul Allen, Diciembre 2011
Hoy estaba en un Starbucks… en esta cadena suelo abstraerme para pensar mientras me entrego a la deliciosa y frívola lectura de la revista “Cosas” y tomo un chocolate caliente. Muy cerca de mi sitio, estaban sentados un joven con una netbook, y un señor mayor al frente suyo, aparentemente entrevistado por el joven. Me llamó la atención la forma de comportarse del señor, como si fuera, por describirlo de alguna forma, “alguien”. No sé por qué me vino esta palabra a la mente…
Desde que somos niños, nuestros padres y maestros nos inculcan que debemos llegar a ser “alguien”. O sea, un profesional, con un trabajo estable, una familia (matrimonio e hijos). Pero creo que el concepto de “alguien” ha variado en nuestros días… tener una carrera no es sinónimo de éxito y viceversa. Se puede ser un pintor, un músico, un poeta y ser “alguien”, con mucho esfuerzo, como todo en esta vida.
Ahora bien… a mis 26 años, ¿he llegado a ser “alguien”? ¿Es válido manejar este concepto hoy en día? Preguntas que me responderé en un siguiente post…
(Advertencia: post largo. Largo como “hace demasiado que no escribo y voy a volcar mis pensamientos aquí”).
De más está decir que hace bastante que no hago un post. Básicamente he tenido flojera… creo que todo lo que tenía que contarles, amables lectores, se encuentra en mi cuenta de Twitter. Aún así, no quiero que el año termine sin hacer una reflexión sobre lo que ha sido el 2011 para mí. Año de encuentros, hallazgos, resoluciones… año bastante diferente a lo que yo esperaba, en parte.
Luego del año dramático que fue el 2010, en todos los aspectos de mi vida, llegué al 2011 esperando paz, tranquilidad, y a la vez deseando enfocarme en mí, y cortar ese círculo de darle importancia a todo el mundo en lugar a lo que realmente quiero y siento. Así que empecé el año con nuevas ideas y resoluciones. El nuevo trabajo, las salidas fotográficas, el retomar la lectura, las clases de teatro, todo fue parte del plan para dejar atrás el hecho de no tener metas claras, y simplemente disfrutar el momento, la vida, que entre tanta alta y baja había olvidado cómo era eso de disfrutar.
Y pasó algo curioso, conocí a alguien.
Curioso porque deseaba darle un descanso a los sentimientos, pero bueno, hay cosas y personas que no se pueden dejar pasar. Y a este alguien no le podía dejar pasar, me lo decía mi intuición. Y mi buena estrella hizo que este alguien y yo tuviéramos un encuentro de almas… y que sigámoslo teniendo hasta ahora
.
Ahora bien, conocer a este alguien, como aprendí en experiencias pasadas, no ha arreglado mágicamente mis problemas. De esos me debo encargar yo. Pero en él he encontrado un compañero, un cómplice, alguien con quien compartir y disfrutar esos momentos curiosos de la vida. Alguien, también, a quien engreír y cuidar, cosa que me encanta hacer con mi pareja…
Creo que lo más bonito de lo que tenemos es que finalmente estoy encontrándome a mí misma. Luego de una búsqueda de años, de querer adoptar conductas de otras personas, he conocido a alguien que me acepta más o menos como soy, con mis cosas algo raras, pero curiositas… y digamos que ese sentir me da confianza para sentirme mejor con otras personas y otras circunstancias. Es genial cuando la relación no es un bastón, sino es un trampolín para crecer como persona… creo que ésa debería ser la razón de ser de toda relación sentimental.
Es usual fijarse, y eventualmente enamorarse de alguien por las cosas que uno aprecia superficialmente: el físico, los gustos en común, la conversación. Es más complicado intimar con esta persona, compartir experiencias, y aún sentir la chispa y muchas más ganas de conocer a esta persona. Tampoco es que, como a veces olvido y hago mal en hacerlo, la relación lo sea todo, pero sí creo que los detalles hacen mucho para la pareja… realmente que sí.
Así que podría nombrar fácilmente a este año como aquel en el que esperaba estar sola, pero no lo estoy. Aunque no esté físicamente conmigo, su recuerdo y su cariño me alegran la vida
.
De hecho que todo no es color de rosa, pero es real, y tiene momentos hermosos. Es constructivo y quiero creer que tiene futuro lo que tenemos, quizá no un futuro definitivo, pero sí que nos depara momentos muy hermosos. Desde acá… un gran abrazo y beso para el que llegó a mi vida este año 2011
.
(Mañana la parte 2… y así… lean a su propio riesgo).
Pregúntame lo que sea
http://formspring.me/eruntale
Mi papá está convencido de que la frase “cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro” es demasiado cierta. A juzgar por las cosas que vemos en las noticias, y a nuestro alrededor, sí que tiene razón.
En casa tenemos a un par de perritos salchichas (aquí una imagen de uno de ellos) que son nuestra alegría y consuelo, nuestro motivo de seguir adelante. Ellos, nobles criaturitas como son, no lo saben, entregan su afecto, y a cambio sólo piden comida y un sitio donde dormir. Muchas veces me siento a su costado, los acaricio, les hago jugar un rato. Me alegran la vida
.
Va a sonar raro, pero en las personas que conozco, espero encontrar un poco de esa, no sé, “pureza”, que me encanta de mi par de perritos. Ese dar sin esperar nada a cambio. Ese gesto espontáneo que alegra. Esa sonrisa que reanima.
Seremos criaturas evolucionadas, pero sí que debemos aprender algo de los animalitos, nuestros “hermanos menores”, como dicen por ahí…
La ambición se puede convertir en algo contraproducente cuando persigues tus metas sin el humilde pensamiento de que las cosas rara vez salen como fueron planeadas.
-Scott Belsky
(Visto en Identidad Geek)
(Otro post del blog antiguo, recuperado para deleite – espero- de mis amables lectores).
Como saben, tengo una obsesión increíble por las estrellas (y por los contenedores, pero ese será motivo de otro post). Cuando miro arriba, a las estrellas y a la luna, redonda como una rueda de queso, el corazón se me aligera un poco y empiezo a pensar que la Tierra es tan pequeña, el universo es tan grande, y si estamos aquí es porque tenemos algún tipo de propósito que aún no conocemos. Y eso me hace sonreír y soñar con todas las posibilidades…
Como con esta imagen, de una nebulosa con destellos rojos y verdes, que a todas luces se parece a un dragón oriental. De acuerdo al post, se trata de una estrella que está en la última etapa de su vida. Ah, el ciclo inevitable. Aún al final de todo, brilla con toda su luminosidad. Da que pensar, ¿cierto?
(Lo vi en Universe Today)
My uncle used to say that we like people for their qualities but we love them for their defects.
- John Myers – “Hellboy”
Gran verdad y principio de vida.
Al lado del mar, hay un pueblo destruido por un terremoto. Dentro de ese pueblo, un hombre intenta descansar.
“La Calma” – Fernando Vílchez
No recuerdo mucho de mi primer viaje a Pisco, en principio de cómo llegamos. Lo que sí recuerdo es la casa de mis tíos en Pisco Playa, de dos pisos, blanca y sencilla, como la mayoría de casas ahí. La cocina, bastante humilde y espaciosa. El patio, que daba a la playa, en el que podías encontrar conchitas ocultas en la arena.
Uno de mis tíos fue marino mercante, y (no recuerdo si en el primer viaje o en el segundo que hice), una vez nos preparó apanado de tortuga marina. Sabía a carne de res, muy muy rico. No lo he vuelto a probar, y dudo que lo haga, ¡pobres tortugas!
Recuerdo el mercado de la caleta de San Andrés. Siempre he sido aficionada a los mercados, y no puedo olvidar el aroma a pescado fresco, y mi tío indicando qué pescados eran buenos, con la experiencia de alguien que ha surcado los siete mares (según la familia, lo hizo, y sabía varios idiomas aprendidos de sus compañeros de viaje).
Hicimos un tercer viaje, una de mis tías había fallecido para ese entonces. Fue en el 2001 si mal no recuerdo. Pasamos por Pisco nomás, fuimos a Paracas. El mar, la brisa, la familia, todo fue perfecto.
Siempre nos decíamos, hay que ir a Pisco, a visitar a la familia. A ver la caleta de San Andrés, pasar por el muelle. A comer el ceviche preparado por el tío…
Llegó el 2007, por alguna razón no fui a trabajar ese día, y como a las 5 y tantos de la tarde, el segundo piso de mi casa, se convirtió en una cama elástica, por unos buenos dos minutos y medio. Luego de verificar si habían ocurrido daños mayores (felizmente no), nos preguntamos todos, ¿y cómo estarán en Pisco?
Este año se cumplen 4 años desde que la casa blanca y sencilla de mis recuerdos infantiles se destruyó, en parte. Mi tío el marinero se quedó a vivir en los escombros, pues mi otro tío vive en Pisco Pueblo con su familia. El año pasado, regresó de Italia su hermana mayor y propietaria de la casa, mi tía, desahuciada y enferma de cáncer, y él se encargó de cuidarla. Falleció a inicios de este año, seguida pocos meses después por su hermano, el tío en mención.
La casa blanca y sencilla sigue ahí, a duras penas. Tengo entendido que no se ha reconstruido pues cierto grupo de interés quería hacer un boulevard o algo así, aprovechando el terreno de las casas cercanas a la orilla y derruidas en el terremoto. Yo no he vuelto ahí desde el 2001, así que no sabría decirles cómo es el tema. Es una deuda que tengo pendiente y espero saldar pronto.
Pisco está ahí, y cuatro años más tarde, no olvida. No los olvidemos a ellos…
(Hoy no les dejo un telón musical. Más bien, el trailer de “La Calma”, un corto que tengo entendido se presentó en el Festival de Lima. Por hoy está disponible en Vimeo, así que sugiero verlo cuanto antes en dicho hipervínculo).
(Escribí este post hace más de un año, en el antiguo blog, lo encontré por ahí, y lo reproduzco…)
¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.
Mientras escribía este post, me acordé de esta frase, que pone punto final a un cuento del genial Borges, “La Casa de Asterión”. Aunque no he leído mucho a Borges, está en mi lista de pendientes literarios, por decirlo así.
El cuento en mención es una especie de monólogo de este terrorífico ser mitológico, el cual se revela más humano que toro. La cita se refiere precisamente a la actitud del Minotauro ante su fin.
Aunque es una historia ciertamente triste y conmovedora, por mi parte, la concibo como una historia de esperanza. Aunque estemos encerrados en un laberinto, tarde o temprano saldremos de ahí. Probablemente, no de forma tan trágica como la de Asterión, pero de que saldremos, saldremos.
Y mientras estemos en el laberinto, fijémonos en el otro lado de las cosas. Si hay desesperación, busquemos la calma. Si hay sensación de encierro, pues hagamos cosas que nos permitan sentirnos más libres. Y nunca perdamos la ilusión… no ese tipo de ilusión vana que nos ciega… sino aquel que nos permite ver más lejos y con más claridad. Asterión ciertamente tenía una:
Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
Me gustaría, amables lectores, que leyeran el cuento y brindaran su apreciación; lo fascinante de la literatura es eso, que se presta para interpretar y conocernos mejor en el proceso.
La siguiente canción no se relaciona mucho con el post, es más bien coyuntural… ¡aguante Gustavo! que te recuperes pronto. Aquí lo tenemos a dúo con Fito Páez.