Tarde soleada en la universidad

Es una tarde soleada, de un día sábado. Me encuentro en el Centro de Estudiantes de la Facultad de Ingeniería Industrial y de Sistemas de la UNI (en adelante, CEIIS), escuchando salsa (cortesía de una radio que está a todo volumen), leyendo feeds desde Ubuntu (creo que es la última versión, y mola!). Unos estudiantes conversan, cerca de aquí.

Estoy esperando a un evento que comenzará en una media hora aproximadamente. Pero todo lo que tengo en la cabeza, en estos momentos es, ¡qué bien me siento! Me siento… como en casa 😀

Debe ser que en la universidad pasamos nuestros años más preciados; ingresamos como adolescentes, casi niños y egresamos como jóvenes prestos a forjar un mañana. En ese intermedio, aprendemos mucho, pero también nos divertimos, sin muchas responsabilidades y preocupaciones.

Sólo quería compartir eso con ustedes. Lo que vivo en estos momentos no lo cambiaría… y aun así, no puedo evitar sonreír al pensar en esas tardes soleadas de clases… 🙂

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Una con sabor a café

Rayos y centellas… ahora que me doy cuenta, no tomé café en el día…

Rayos y más centellas… sí tomé café… en la mañana… con unos panqueques que estaban buenazos 😛

Quizás deba retarme a tomar menos café semanalmente (el consumo diario de café lo dejé hace tiempo en [0,2] tazas diarias). Quizás, quizás, quizás 😉

Experimento: un mes sin chat

A casi cuatro meses de desactivar mi cuenta de Facebook, puedo decir que se está cumpliendo el objetivo de dicha decisión… eliminar un motivo de distracción, ayudar a mi salud mental a mantenerse estable, entre otros. Hace poco, estuve pensando si podía eliminar algún otro factor de distracción en mi vida… y estaba entre el Google Buzz y el Gtalk.

El Windows Live Messenger (Messenger en adelante) no cuenta para mí, porque no lo uso mucho, sólo cuando estoy aburrida… y en realidad esto de la mensajería instantánea nunca ha sido mi actividad favorita, prefiero hablar por teléfono o enviar mensajes de texto… son medios más “cálidos”, denotan interés del interlocutor, mientras que abrir una ventana de chat y escribir texto es más simple y “frío” y fácil de hacer.

En muchos centros de labores, incluyendo el mío, está bloqueado el uso del Messenger, así que me acostumbré a usar el Gtalk. Pero últimamente siento que me distrae mucho, y no aporta nada, y a veces me crispa los nervios pensar en que alguien esté conectado y no me hable, y sólo hable si necesita algo de mí. He notado que yo a veces tiendo a hacer eso. Es un patrón que, algunos me dirán, se nota también en la comunicación telefónica… pero por alguna razón la noto más palpable en la mensajería instantánea. Si alguien no me contesta el teléfono, asumo que está ocupado. Si alguien no me contesta lo que escribo en la ventana de chat, y aparece como “conectado”, pues asumo también que está ocupado, pero a veces es inevitable entrar en ansiedad esperando una respuesta, y asumir lo peor :S

Así que, continuando con mi tendencia de alejarme de todo aquello que me cause tristeza o intranquilidad, he decidido hacer un experimento: un mes sin chat. No uso Messenger, asi que no hay problema por ese frente y el Gtalk lo he desactivado. Sé que estoy cortando un canal de comunicación relevante, pero hay otros medios para comunicarse conmigo, y parafraseando algo que leí, si alguien quiere ser parte de tu vida, hará un esfuerzo para estar ahí.

Amables lectores, si desean comunicarse conmigo, está este blog en principio 😛 y el Formspring. Si buscan transmitir un mensaje más privado, pueden enviarlo a mi correo de Hotmail (silmarien85@hotmail.com), o a mi correo personal, para mis conocidos más cercanos. Y bueno, también está mi número de celular (982718390, Claro… el Movistar es personal xD) y como ahora ya saben que me gustan los mensajitos de texto, pues a ver si me envían uno y alegran mi día 😀

De presión

Ayer me midieron la presión arterial, con un aparatejo de medición casera que mi papá compró en Hiraoka.

La lectura de dicho aparatejo fue 9.5. Normal para mí, pues mi presión suele estar baja, cortesía de los genes de mi madre y mi abuela, que tienen la misma condición.

En fin, qué alegría que no tengo la presión alta… eso sí es preocupante. Y bueno, esto me recordó que tengo que hacerme un chequeo general… un pendiente más en mi to-do list de este camino que llamamos vida…

Una de baladas en nuestro idioma

Los que me conocen saben que yo no escucho baladas en español, que soy enemiga de Radio Ritmo Romántica y sólo puedo mantener la calma al escuchar Radio Felicidad por un par de horas (si están pasando tonadas alegres, puedo escuchar todo el día, pero con las baladas tristes… pues empiezo a buscar las galletas de soda cortavenas Lengua fuera).

No sé por qué, pero las baladas me afectan bastante… será que para mí las canciones son como poemas; más allá de la melodía, interiorizo la letra y me imagino en la situación que describen… en inglés es como que en el tiempo de interpretación mental, el mensaje no llega tan directamente a mi mente, y por eso me gusta más la música en inglés en general.

Pero sí, me gustan varias baladas en español, no lo voy a negar… y hoy se me dio por escuchar algunas Sonrisa. Será nostalgia, será la edad… que será. Pero aquí les dejo un par, que espero poder interpretar algún día en un karaoke o hasta hacer un cover Risa. Ambas cuentan historias tristes, pero muy bien interpretadas.

La primera es del grupo español Mocedades, la escuché primero en una versión techno que no sonaba tan mal, sin embargo en su versión original gusta más.

Ayer pensé en decirte adiós, y me faltó el valor…

 

La segunda es de un cantante portorriqueño, Wilkins… me tomó años ubicar esta canción, que escuché por vez primera en algún viaje interurbano de la infancia y nunca olvidé la letra… alguien saque las galletas por favor Guiño

Tú… bella y triste tú… busca ahora tu felicidad…

 

Bonus track: donde van bien dos, van bien tres. Antes de la rola de Ricky Martin, estuvo esta de Gonzalo… preciosa, preciosa y triste.

Las plantas se han quedado sin agua, y el gato no deja de maullar…