Una sobre la amistad

Últimamente he estado, digamos, desmenuzando el concepto de amistad, componiéndolo, replanteándolo. Como saben, para mí las palabras son muy importantes, no deberían ser tomadas a la ligera. Cuando uno dice “amigo”, “amiga” a una persona, está imprimiendo un sello emocional a estas palabras, por lo que representa esta persona para nosotros y el papel que desempeña en nuestra vida.

Aquí lo que encontré:

  • Amistad, poniéndolo en neutro, es aquella persona con la cual compartimos alegrías y penas, así sea de la manera más sucinta, así ellos o nosotros estemos ocupados, porque en un par de líneas o en una corta llamada telefónica se pueden decir muchas cosas.
  • Amistad es aquella persona con la que nos agrada conversar de cosas en común, reírnos con absoluta confianza, compartir, sabiendo que es un sentimiento mutuo.
  • Amistad es aquella persona que nos saluda (y a quien saludamos) por su cumpleaños, con un mensajito más largo del que usamos para los “buenos conocidos”, así sea con retraso y a sabiendas de que quizá no lo tome muy bien…
  • Amistad es aquella persona a la que, aunque no saludemos siempre que entramos al chat y lo/la vemos conectada, una vez al mes (o un poco más) nos tomamos el afán de conversar con él/ella de cómo le va en el trabajo, en los estudios, en el aspecto personal, quizá ganarnos con sus desventuras de la semana, quizá compartir sus alegrías, y ofrecer palabras de ánimo o reconocimiento, dependiendo de la ocasión.
  • Amistad es aquella persona a la cual, si vivimos en la misma ciudad, procuramos ver con cierta frecuencia, tomar un café, conversar, ya sea de a dos o en grupo, o quedar para conversar en alguna reunión convocada por amigos comunes. Una de las razones por las cuales voy a fiestas de cumpleaños es esa Lengua fuera para reencontrarme con amigos a los cuales así no más se le puede ver.

Y ya ven, es ése mi concepto de la amistad… hay amigos, y buenos conocidos. A mis amigos los quiero muchísimo, los cuido, me importa cómo van y que estén bien… quizá tengo un concepto muy elevado de la amistad, ¿no? Quién sabe…

Más tarde continuaré con mis reflexiones, pero éso es lo que quería decirles por ahora Sonrisa

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Una de sopa wantán, más una chef televisiva

Los gringos llaman comfort food a la comida que solemos preferir cuando estamos enfermos, cansados, melancólicos o simplemente hambrientos; como los macarrones con queso, la sopa de pollo, entre otros. No se me ocurre qué comida local puede caer bajo esta denominación, salvo el caldo de gallina…

En mi caso, le tengo una devoción absoluta a la sopa wantán, es lo que busco con ansias cuando estoy con algún malestar (como en estos días, que ando resfriada). Hay un cierto encanto en probar los vegetales verdes (col, brócoli) bañados en el caldo suave y calentito, y acompañados por los pequeños trozos de pollo… o en el caso de una sopa wantán especial, pollo, cerdo y langostino. De por sí el vapor es descongestionante, y el caldo alivia el estómago y la garganta adoloridos. ¡Dicha total! Sonrisa

Y hablando de comida, pues hace poco veía a Kylie Kwong en algún canal del cable… es una chef australiana de ascendencia china, con una actitud muy entusiasta y un acento adorable… hace poco la vi en uno de sus programas, preparando una sopa con pak choi y pescado, y se me ocurrió que no muchos deben conocerla, así que aquí tienen un video de ella, no de la receta que les digo, pero sí de otra que se ve genial Lengua fuera

Ahora que lo pienso, podría haber hablado de otros chefs televisivos que tienen recetas de comfort food (Nigella, Gordon, Oliver…), pero Kylie es genial! y además, iba bien con mi alabanza a la sopa wantán Guiño

Y así me despido, mientras tomo una infusión de eucalipto para ahuyentar al resfrío… Sonrisa

Las “Marie Antoinette” de hoy

Veo por enésima vez, “Marie Antoinette”, de la genial Sofia Coppola, y una vez más me siento muy identificada con la reina decapitada.

María Antonieta, de aquí en adelante, era una adolescente a la que no la prepararon para ser archiduquesa, y sin embargo, acabó convertida en reina de Francia, en un tiempo en el cual se requería mucha maña política para sortear lo que se venía (o sea la Revolución Francesa). Pero no, repito, ella era una adolescente nada preparada, y optó por la evasión en la moda, las diversiones, las frivolidades. Ciertamente, la hija de la emperatriz de Austria no conocía otra vida…

Y cuando las cosas tomaron color de hormiga, ella y el rey (que era otro pobre niño rico), por muy compasivos que eran, no supieron reaccionar a tiempo frente a la convulsión del pueblo francés, y acabaron bajo la guillotina.

A veces me da la impresión que algo así es lo que ocurre con un sector de jóvenes que están por llegar a la treintena, en nuestra sociedad. Y me incluyo. Somos hijos de padres que lograron cierta posición holgada en la vida, nos dieron “todo lo que ellos no tuvieron”, por usar una frase muy trillada. Nos educaron, nos enviaron a la universidad, nos dieron una profesión. Ahora, trabajamos, hacemos dinero, pero seguimos como que atados a lo que hemos conocido toda la vida… a la comodidad del hogar, al contar con papá y mamá para que arregle nuestros “problemas”, desde un botón descosido hasta las deudas de nuestras tarjetas de crédito. Y ellos empiezan, con justo derecho, a exigirnos resultados, por así decirlo: el título universitario, un puesto bien remunerado, nietos (en un caso exagerado).

Y la verdad es que… nadie nos preparó para ello. Nos espantaron de la cocina (“para que no te quemes”) y ahora exigen que la dominemos. Nos limitaron el contacto con los adolescentes del sexo opuesto (“para que te concentres en tus estudios”), y ahora se preguntan cuándo los haremos abuelos. Nos recuerdan que debemos titularnos, pero se ofuscan si hablamos siquiera de estudiar una segunda carrera, esta vez por vocación…

Quizá esté siendo muy dura, pero a veces tengo la impresión de estar en marcha a la guillotina, y no es una sensación deseable, definitivamente. No me dieron las herramientas para lograr lo que se espera de mí, pero estoy en proceso de adquirirlas… tengo cuatro años para hacerlo y librarme de la suerte de la reina… ¡no se puede ser María Antonieta para siempre! Sonrisa

Para cerrar este post, les dejo con una escena genial de la peli, donde se aprecia el estilo de vida de esta mujercita… Lengua fuera

Ojo a los Converse azules!! esa escena es la vida 🙂