Las “Marie Antoinette” de hoy

Veo por enésima vez, “Marie Antoinette”, de la genial Sofia Coppola, y una vez más me siento muy identificada con la reina decapitada.

María Antonieta, de aquí en adelante, era una adolescente a la que no la prepararon para ser archiduquesa, y sin embargo, acabó convertida en reina de Francia, en un tiempo en el cual se requería mucha maña política para sortear lo que se venía (o sea la Revolución Francesa). Pero no, repito, ella era una adolescente nada preparada, y optó por la evasión en la moda, las diversiones, las frivolidades. Ciertamente, la hija de la emperatriz de Austria no conocía otra vida…

Y cuando las cosas tomaron color de hormiga, ella y el rey (que era otro pobre niño rico), por muy compasivos que eran, no supieron reaccionar a tiempo frente a la convulsión del pueblo francés, y acabaron bajo la guillotina.

A veces me da la impresión que algo así es lo que ocurre con un sector de jóvenes que están por llegar a la treintena, en nuestra sociedad. Y me incluyo. Somos hijos de padres que lograron cierta posición holgada en la vida, nos dieron “todo lo que ellos no tuvieron”, por usar una frase muy trillada. Nos educaron, nos enviaron a la universidad, nos dieron una profesión. Ahora, trabajamos, hacemos dinero, pero seguimos como que atados a lo que hemos conocido toda la vida… a la comodidad del hogar, al contar con papá y mamá para que arregle nuestros “problemas”, desde un botón descosido hasta las deudas de nuestras tarjetas de crédito. Y ellos empiezan, con justo derecho, a exigirnos resultados, por así decirlo: el título universitario, un puesto bien remunerado, nietos (en un caso exagerado).

Y la verdad es que… nadie nos preparó para ello. Nos espantaron de la cocina (“para que no te quemes”) y ahora exigen que la dominemos. Nos limitaron el contacto con los adolescentes del sexo opuesto (“para que te concentres en tus estudios”), y ahora se preguntan cuándo los haremos abuelos. Nos recuerdan que debemos titularnos, pero se ofuscan si hablamos siquiera de estudiar una segunda carrera, esta vez por vocación…

Quizá esté siendo muy dura, pero a veces tengo la impresión de estar en marcha a la guillotina, y no es una sensación deseable, definitivamente. No me dieron las herramientas para lograr lo que se espera de mí, pero estoy en proceso de adquirirlas… tengo cuatro años para hacerlo y librarme de la suerte de la reina… ¡no se puede ser María Antonieta para siempre! Sonrisa

Para cerrar este post, les dejo con una escena genial de la peli, donde se aprecia el estilo de vida de esta mujercita… Lengua fuera

Ojo a los Converse azules!! esa escena es la vida 🙂
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