Una de cierto pueblo cercano al mar

Al lado del mar, hay un pueblo destruido por un terremoto. Dentro de ese pueblo, un hombre intenta descansar.

La Calma” – Fernando Vílchez

No recuerdo mucho de mi primer viaje a Pisco, en principio de cómo llegamos. Lo que sí recuerdo es la casa de mis tíos en Pisco Playa, de dos pisos, blanca y sencilla, como la mayoría de casas ahí. La cocina, bastante humilde y espaciosa. El patio, que daba a la playa, en el que podías encontrar conchitas ocultas en la arena.

Uno de mis tíos fue marino mercante, y (no recuerdo si en el primer viaje o en el segundo que hice), una vez nos preparó apanado de tortuga marina. Sabía a carne de res, muy muy rico. No lo he vuelto a probar, y dudo que lo haga, ¡pobres tortugas!

Recuerdo el mercado de la caleta de San Andrés. Siempre he sido aficionada a los mercados, y no puedo olvidar el aroma a pescado fresco, y mi tío indicando qué pescados eran buenos, con la experiencia de alguien que ha surcado los siete mares (según la familia, lo hizo, y sabía varios idiomas aprendidos de sus compañeros de viaje).

Hicimos un tercer viaje, una de mis tías había fallecido para ese entonces. Fue en el 2001 si mal no recuerdo. Pasamos por Pisco nomás, fuimos a Paracas. El mar, la brisa, la familia, todo fue perfecto.

Siempre nos decíamos, hay que ir a Pisco, a visitar a la familia. A ver la caleta de San Andrés, pasar por el muelle. A comer el ceviche preparado por el tío…

Llegó el 2007, por alguna razón no fui a trabajar ese día, y como a las 5 y tantos de la tarde, el segundo piso de mi casa, se convirtió en una cama elástica, por unos buenos dos minutos y medio. Luego de verificar si habían ocurrido daños mayores (felizmente no), nos preguntamos todos, ¿y cómo estarán en Pisco?

Este año se cumplen 4 años desde que la casa blanca y sencilla de mis recuerdos infantiles se destruyó, en parte. Mi tío el marinero se quedó a vivir en los escombros, pues mi otro tío vive en Pisco Pueblo con su familia. El año pasado, regresó de Italia su hermana mayor y propietaria de la casa, mi tía, desahuciada y enferma de cáncer, y él se encargó de cuidarla. Falleció a inicios de este año, seguida pocos meses después por su hermano, el tío en mención.

La casa blanca y sencilla sigue ahí, a duras penas. Tengo entendido que no se ha reconstruido pues cierto grupo de interés quería hacer un boulevard o algo así, aprovechando el terreno de las casas cercanas a la orilla y derruidas en el terremoto. Yo no he vuelto ahí desde el 2001, así que no sabría decirles cómo es el tema. Es una deuda que tengo pendiente y espero saldar pronto.

Pisco está ahí, y cuatro años más tarde, no olvida. No los olvidemos a ellos…

(Hoy no les dejo un telón musical. Más bien, el trailer de “La Calma”, un corto que tengo entendido se presentó en el Festival de Lima. Por hoy está disponible en Vimeo, así que sugiero verlo cuanto antes en dicho hipervínculo).

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