Una de animalitos

Mi papá está convencido de que la frase “cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro” es demasiado cierta. A juzgar por las cosas que vemos en las noticias, y a nuestro alrededor, sí que tiene razón.

En casa tenemos a un par de perritos salchichas (aquí una imagen de uno de ellos) que son nuestra alegría y consuelo, nuestro motivo de seguir adelante. Ellos, nobles criaturitas como son, no lo saben, entregan su afecto, y a cambio sólo piden comida y un sitio donde dormir. Muchas veces me siento a su costado, los acaricio, les hago jugar un rato. Me alegran la vida Sonrisa.

Va a sonar raro, pero en las personas que conozco, espero encontrar un poco de esa, no sé, “pureza”, que me encanta de mi par de perritos. Ese dar sin esperar nada a cambio. Ese gesto espontáneo que alegra. Esa sonrisa que reanima.

Seremos criaturas evolucionadas, pero sí que debemos aprender algo de los animalitos, nuestros “hermanos menores”, como dicen por ahí…